En la famosa serie de Neon Genesis Evangelion de Gainax e Hideaki Anno, se presenta probablemente como en ningún otro anime un debate de ideas y perspectivas encarnadas en los diferentes personajes: en Shinji es posible ver un existencialismo a lo Albert Camus o a lo Jean Paul Sartre, en Rei Ayanami un nihilismo suicida como el pregonado por Emil Cioran, en Gendo Ikari el pensamiento totalizador y con afanes de absoluto de Hegel, un cientifismo positivista ultramoderno en la doctora Ritsuko Akagi, la voluntad de poder del Nietzsche más feroz en la temperamental Asuka y un pragmatismo al límite por parte del astuto Ryouji Kaji. Evangelion es un debate ideológico en clave de Mechas, de feroces batallas en donde las palabras se empeñan en agotarse y entonces los impulsos más primitivos afloran y exponen su cruda sinceridad deslumbradora. Tal vez en el fondo de Todo sólo hay seres extraños desgarrándose con una bestial delectación: puesto que como bien advirtió Shakespeare, el mundo- con todos sus finales y sus albores, como nos relata Evangelion- podría no ser más que “…un cuento contado por un idiota / lleno de sonido y furia, que no significa nada.”

Pero en medio de esa virtualidad dolorosa, lo humano, plasmado en anhelos y esperanzas valientes y vitales se erige como una alternativa de sublimar todo este caos y sacarle provecho, dándose a los demás con todas las fuerzas del corazón: tal es el caso del vitalismo expresado por la admirable Capitan Misato Katsuragi; ella se caracteriza por emprenderlo todo con decisión y entereza, aún con el dolor de la trágica pérdida de su padre, la misma persona que motivó en ella un contradictorio sentimiento de amor-odio y que marcaría por completo el rumbo de su existencia, simbolizado muy bien esto en la cicatriz que le mancilla desde el catastrófico Segundo Impacto. Misato Katsuragi no esta pues, exenta de oscuras tinieblas en su personalidad: es impulsiva y muchas veces obstinada. Pero a lo largo de toda la trama es la que demuestra en su corazón afanoso la mayor humanidad de todos los personajes de este auténtico panorama dantesco que es Evangelion, en donde como si fuese también un tríptico concebido por El Bosco, ángeles, demonios, pecadores, hombres y santos se confunden entrelazados en un universo surrealista, onírico, caótico y al mismo tiempo tan angustiosamente cotidiano.

Porque Misato es capaz de ser eficiente militar (para NERV, para Gendo), confiable mentora (para Asuka), madre (para Pen-Pen, acaso para Shinji) , amiga-amante (para Ritsuko, para Shinji, para Kaji) etc. En efecto, el corazón de Misato Katsuragi, de esa bella joven arriesgada y decidida, es la heroicidad de lo que se sabe finito en un ámbito de infinitos delirantes, aún en el instante de la contienda final, cuando las fuerzas gubernamentales arrasan con NERV, Misato busca ser esperanza, aún herida, agónica, leyendo en lo profundo del alma de Shinji, dándose como madre-hermana-mujer en un beso desesperado que reconforte y otorgue ánimos al niño-hombre Shinji, haciéndole saber que los tabúes pueden romperse, lo que luego culminará el joven Shinji con Rei-Yui divinizada, y que es tan capaz y fuerte como su padre Gendo, para así asumir su responsabilidad de salvador-redentor de ese mundo en agonía. Misato hasta el último instante, siempre se busca como una posibilidad de existir al máximo para los demás. Superficialmente la clásica chica anime, valiente y excéntrica, rebosante de alegría de ser; en el fondo también expone, en su fuerza de espíritu, tan humana, tan contradictoria, en su esfuerzo por constituirse ánimo para los otros, en una figura ejemplo de vida. Bravo linda y noble Misato Katsuragi. El baño (la cerveza, la risa) purifican el cuerpo y el alma. Ciertos corazones en su latir intenso y admirable, también.

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